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Los dichos meterse en camisa de once varas y meterse en cañiza de once varas son una expresión coloquial para señalar la poca conveniencia de complicarse la vida innecesariamente.

Esta expresión bien podría utilizarse para la actuación del Banco Central Europeo durante estos últimos años.

¿Era necesario?

Nadie duda ya de que famoso “whatever it takes” de Mario Draghi en 2012 supuso un antes y un después en la evolución de la crisis europea de deuda.

¿Quién iba a osar a enfrentarse al poder de un banco central con la capacidad de crear dinero de forma ilimitada?

Necesario o no, nadie podrá rebatir que el BCE se ha extralimitado en sus funciones, siendo la principal la estabilidad de precios. Bajo el fantástico nombre de Quantitative Easing (más conocido como QE) el BCE se lanzó a una carrera de compra de deuda, gubernamental primero y corporativa después, con el fin último de estimular la economía y evitar la deflación.

Nunca se ha podido demostrar que dichas inyecciones de capital encubiertas hayan acabado en una economía que había iniciado un proceso de desapalancamiento tras años de excesos y que sigue su curso. Al menos evitó que los “malvados especuladores” acabaran con la eurozona.

Por el camino ha creado la mayor burbuja de bonos de la historia.

A diferencia de otras burbujas, por lo visto esta vez “será diferente” y no estallará provocando mayores daños colaterales…

La situación ha llevado todo tipo de rendimientos en Renta Fija a mínimos históricos. Muchos bonos gubernamentales aún en plazos largos cotizan en negativo. Es decir, pagamos porque un estado se endeude…¿tiene lógica no?

Quizá seamos clásicos, pero parece obvio que si prestamos dinero a alguien, renunciando a él, esperamos obtener algo a cambio. Pues de un tiempo a esta parte es diferente, no solo le prestamos el dinero sino que además le pagamos por ello.

¿Qué incentivo tiene el deudor si cada vez se le presta más y más barato? ¿Quién va a realizar las reformas estructurales con semejante barra libre de dinero barato?

Eso nos lleva a absurdos desde hace años como que países como España paguen menos por su deuda que Estados Unidos, siendo el Trasurie Americano el activo refugio por excelencia.

Como ya comentaba anteriormente eso ha llevado al mercado a comprar deuda con rendimiento negativo, es decir un activo de pérdida asegurada, salvo que alguien en el mercado secundario me lo compre más cara. Tonto el último…

Me recuerda al juego se las sillas; ¿Qué pasará cuando se acabe la música? ¿Quién se quedará entonces con esos activos de pérdidas garantizadas?

Esta represión financiera nos lleva por otro lado a que los inversores conservadores de toda la vida se han visto obligados a asumir más riesgos de lo que les gustaría para poder obtener una mínima rentabilidad, inflando todo tipo de activos.

Ahí es donde consideramos que mejor no caer. Más vale liquidez, y esperar tiempos mejores para la renta fija, que llegarán. Todo se pone en su sitio antes o después.

Desde las instituciones todo son mensajes de calma, de que no existe tal burbuja aunque hayan traspasado los límites de la ortodoxia económica.

Que aunque han llevado los tipos de cientos de miles de millones de deuda gubernamental y corporativa a rendimientos negativos, todo está controlado.

Se dice de las burbujas, que no se consideran como tal hasta que estallan

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