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Desde Hipócrates de Cos (460 – 377 a. C), considerado como el padre de la medicina como “disciplina científica”, y su ejercicio, como una “profesión” reconocida, además de artífice del “Juramento Hipocrático”, promesa que hacen los nuevos graduados en medicina, y cuyo texto, (Convención de Ginebra, 1948) me permito trasladaros por la riqueza de su contenido:

En el momento de ser admitido entre los miembros de la profesión médica, me comprometo solemnemente a consagrar mi vida al servicio de la humanidad.

Conservaré a mis maestros el respeto y el reconocimiento del que son acreedores.

Desempeñaré mi arte con conciencia y dignidad. La salud y la vida del enfermo serán las primeras de mis preocupaciones.

Respetaré el secreto de quien haya confiado en mí.

Mantendré, en todas las medidas de mi medio, el honor y las nobles tradiciones de la profesión médica. Mis colegas serán mis hermanos.

No permitiré que entre mi deber y mi enfermo vengan a interponerse consideraciones de religión, de nacionalidad, de raza, partido o clase.

Tendré absoluto respeto por la vida humana.

Aun bajo amenazas, no admitiré utilizar mis conocimientos médicos contra las leyes de la humanidad.

Hago estas promesas solemnemente, libremente, por mi honor.

hasta Willian Osler, (1849 – 1919), el también considerado padre, pero esta vez, de la “medicina moderna”, la ciencia médica ha experimentado una evolución grandiosa, en contenido y medios.

De aquélla medicina,

a ésta otra,

la evolución, ha generado bienestar y progreso.

La medicina es una ciencia peculiar, de esencia compleja y de difícil concreción en cuanto a su definición. En este sentido, la que le otorgó el Dr. Edmund Pellegrino (1920 -2013), sea quizás, de forma sintética, la más acertada:

La más humana de las ciencias y la más científica de las humanidades

Se basa en un PRINCIPIO BÁSICO:

Es precisamente en este ámbito, entre lo científico y lo humano, dónde la actuación del médico es sometida a debate; la conducta culposa o negligente, genera la correspondiente responsabilidad por infracción de los artículos 1101 y 1902 del Código Civil.

No podemos pasar por alto un cambio de mentalidad en la relación médico-paciente. En dónde antes, el paciente era sujeto pasivo, ahora ha pasado a ser titular de una carta de derechos, entre los que se encuentra, el de la curación.

La labor del médico no es la de curar, por mucho que como ciudadanos creamos que así es, sino la de obtener un resultado satisfactorio, que en cierto modo, mejore la salud física del paciente; el compromiso es el de intentar curar, así lo establece la “Sentencia del Tribunal Supremo del 24 de Mayo de 1999″.

Esta diferente visión de la realidad, es la que provoca una continua avalancha de reclamaciones, que sin lugar a dudas, llevan a una “medicina defensiva“, y por oposición, a una práctica médica en muchos casos, ineficaz. Determinadas técnicas novedosas no se llegan a aplicar, por miedo, precisamente, a una potencial reclamación.

¿Cuándo podemos indicar que existe negligencia?

La actuación del médico ha de ser profesional en base a la lex artis y acorde a las circunstancias concretas del caso ad hoc.

¿A qué tipo de responsabilidad se ha de enfrentar el médico?

  • Penal
  • Civil

La Civil, a su vez, podrá ser de índole,

  1. Contractual
  2. Extracontractual

En la Responsabilidad Civil CONTRACTUAL, media un contrato, hay un acuerdo médico-paciente. Es una relación jurídica propia de la medicina privada. Se asume responsabilidad en el momento en el que se acuerda un resultado, y éste, no se consigue.

Referente al resultado, cabe destacar que el incumplimiento de dicho resultado, o si éste, ha sido defectuoso, genera necesariamente responsabilidad. Este tipo de situaciones se dan en casos de tratamientos odontológicos, cirugía plástica o estética y algunas intervenciones de carácter urológico y ginecológico, entre otras.

Esta relación y su responsabilidad, quedaría recogida en el art. 1101 del Código Civil nombrado anteriormente.

La Responsabilidad Civil EXTRACONTRACTUAL, no implica un relación contractual entre médico y paciente, y por lo tanto, la delimitación de la responsabilidad se ceñiría a lo expuesto en el art. 1.902 del Código Civil.

¿En qué fases de la relación médico-paciente puede imputarse responsabilidad?

Especialmente, en tres:

  1. En el DIAGNÓSTICO, por errar en las pruebas llevadas a cabo en dicho diagnóstico
  2. En el TRATAMIENTO, fruto de una contrastable falta de pericia o conocimientos técnicos
  3. Fase de INFORMACIÓN, lo que denominamos CONSENTIMIENTO INFORMADOArt 8, 9 y 10 Ley 41/2002 En dicha información, el paciente ha de ser conocedor del diagnóstico, tratamiento y sus opciones, duración, riesgos relacionados con las circunstancias personales y profesionales, contraindicaciones. La ausencia de consentimiento informado, genera responsabilidad. Se hará por escrito, en situaciones que conlleven mayor riesgo para la salud del paciente (intervenciones quirúrgicas, procedimientos diagnósticos y terapéuticos invasivos, y en general, en todo proceso que entrañe riesgo para la salud del paciente).

¿A quién corresponde la “Carga de la Prueba”?

El derecho sanitario español es esencialmente SUBJETIVO, ¿qué significa esto?, serán el paciente, o en su defecto, sus familiares, quiénes tendrán que aportar las pruebas y el nexo causal que permitan acotar, sin lugar a dudas, la conducta negligente del médico (relación de causalidad culposa), así como, los daños sufridos. El perjudicado podrá reclamar directamente a la aseguradora, lo que denominamos “Acción Directa”, según establece el art. 76 de la Ley de Contrato de Seguro

EXCEPCIONES:

  1. Intervenciones con compromiso de resultado; será el médico quién pruebe que su incumplimiento no es fruto de acción negligente
  2. Supuestos en los que el daño es desproporcionado, situación en la que se pueda presumir que de no haber existido conducta negligente, el daño producido no hubiera sido de tal magnitud
  3. Que el daño se le atribuya al Hospital, sin probar previamente la negligencia de su personal médico

Rememorando nuevamente a Hipócrates, os comparto esta frase cargada de conocimiento:

La vida es corta, la técnica, larga de aprender, el momento propicio, fugitivo, la experiencia personal, engañadora, y la decisión, difícil

Define, perfectamente, los difíciles momentos que se dan en la relación médico-paciente, las complejas decisiones a las que diariamente se enfrenta el médico en su reto humanista por otorgar una mayor calidad de vida a quién aquejado de dolencia, se acerca buscando solución, consuelo, alivio… pocas veces valorados en su justa medida.

No quisiera finalizar esta exposición sin hacer alusión el recientemente aprobado, y vigente desde el pasado 1 Enero de 2016, el Baremo de Indemnizaciones por Accidentes de Circulación Ley 35/2015 del que os entresaco un elemento fundamental:

La principal novedad de la nueva regulación del baremo, se centra en el aumento de la protección de las víctimas, elevando hasta en un 50% de media la cuantía de la indemnización en el caso de fallecimiento, e incorporando en la cobertura los gastos derivados de nuevos perjuicios como los importes médicos futuros, ciertos gastos de rehabilitación o necesidades de recambio de prótesis de lesionados graves

y también, a destacar:

Las indemnizaciones correspondientes se modifican de la siguiente manera:

•  Indemnizaciones por muerte: se incrementan un 50% de media

•  Indemnizaciones por secuelas: se incrementan un 35% de media

•   Indemnizaciones por lesiones: se incrementan un 12,8% de media

¿Qué relación tiene dicho baremo con las indemnizaciones por negligencias médicas?

Básicamente, será el baremo que se utilice para cuantificar la indemnización devengada en el caso de una posible negligencia. En consecuencia, resulta perentorio que todo profesional proceda a una cuantificación objetiva y adecuada de su cobertura de Responsabilidad Civil Profesional con el fin de evitarse desagradables sorpresas que ponga en peligro su patrimonio; cuesta muy poco…

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